lunes 27 de febrero de 2012
Superbrillos 10
Erase una vez. No. Me persigue el Presente Crudo. Salgo con sobredosis de psicótropos de una estadía en Super-Cannes. No esperaba entrar en Treasure Island otra vez, a estas horas de la noche. Imagen plateada, compro la imagen plateada. Treasure Island tiene esas cosas, un entrar y un salir con consecuencias. Con espacios higiénicos mentales. Con roturas intrasísmicas. Con efectos que se desplazan en el Presente Crudo que fue. THE KILLS. No me olvido que no pude asistir al live en el Palais de Tokyo. Una consecuencia más del paso por Treasure Island. Un Shocking muy especial. Lo mismo que decir un sándwich muy especial. Sí. Sándwich = Shocking. La experiencia tentacular, de variaciones multicefálicas tiene efecto en un punto iluminado de mi cuero cabelludo. De evidencia, me atraen las peluquerías con cascos espaciales y de líneas cortantes en la concepción temporal. Me dopo con café extralargo a la salida de Tresure Island. Mi programa para esta tarde: el mundo mágico y burbujeante de Yayoi Kusama. Nunca antes había sentido la necesidad de una inmersión en la MágicoPatología. Claro que si la MágicoPatología es una añadidura, un grano etéreo adosado a mi cuerpo elemental, la necesidad es de anulación inmediata. Es lo que hago. El corte MágicoPatológico ha tenido lugar.
Me persigue la MágicoPatología. Erase una vez. Ni Cenicienta ni la Bella Durmiente. Eso sí, La Bella & La Bestia. Me agacho y me comprimo el tórax en la puerta misma de Treasure Island para no vomitar. Vomito igual. Alivio. Entrada apoteósica a Treasure Island. Mi derroche mental ha quedado en un anodino MicroVómito ya limpiado y absorbido por las Fuerzas-de-Protección-Bacterial injertadas en la puerta de Treasure Island. Amor personalizado de mi ser descompuesto al MicroVómito. Seguido de un malestar multitudinario. Me quedo en paz conmigo misma. No obstante. Podrían etiquetarme la Nena-MicroVómito. Lo que no supondría nada de dogmático de parte de las FPB. Ni del público en general. No puedo decidirme si por una tableta de chocolate con avellanas, con menta, con absenta en microsistemas, pistachos, o las rellenas con tejido glial. Me decanto por una vuelta al Palais de Tokyo, vuelta que se realizará según mis cálculos en disonancia con las actividades mentales-físicas biológicas-plásticas-climatológicas, bla, bla, bla, mañana sábado, por ejemplo. Visiono entre detritus de amor la lógica insaciable de un transe. Ataque frontal de las FPB. Cómo gritar en circunstancias semejantes? Cómo pintarse las uñas de los pies de negro sobredosificado sin desbordes? Cómo amar en medio de injertos delirantes? Cómo reconstruir los trozos de la Nena-MicroVómito? Usar relaciones ufológicas para la reconstitución carnal. Un tinglado ufológico conlleva una focalización de intermitencias de fácil digestión. Todo reservado para esta noche, me responden. Sigo obsesionada con la reserva en el restaurante de N.Y. cuando no estoy en N.Y., sino que estoy entre la Leia Kandahar y la Wichita.
martes 17 de enero de 2012
Fragmentos del Diario de SB
Noche, 16 febrero 2011
Andrés Caicedo me lleva a esta escritura entre exterior e interior. He dejado mi cama revuelta y me lanzo sobre mi ordenador en esta carrera noctámbula de vampiros tipo Victricius, el vampiro bueno patagónico. Tengo el insomnio incorrecto, jamás supe qué es correcto. Victricius de Diego Vecchio es el vampiro más carismático de la historia de la literatura y de la historia de carne y hueso, que al final siempre es literaria.
Jueves 17, después de la piscina, febrero 2011
Globitos, globitos, globitos, globitos, globitos, globitos. Podría interiorizarme para sacarme una muestra de helado de fresa. Ya no quiero más historias ni árboles dibujados en mi mano, las historias me resbalan como aceite de nuez. Nada de esto es cierto, tengo un montón de pelis que mirar, siempre vuelvo a Arrebato, esa peli salió también de una neurona de Caicedo, o fue hecha para Caicedo, yo qué sé. Estoy cansada, llena de burbujas de fatiga, las burbujas son de metal, no de jabón. Me encantan las muñequitas de Manola Argento, quiero tener una pared entera pintada con Manolas, yes baby, la tipa supura talento y magia y sustancia al estado crudo. Yayoi Kusama hace globitos y yo hacía globitos, y hago globitos y si no fuera por los globitos. Al final el globitismo es lo k salva, nenitas y nenitos.
(…)
Tarde-noche 23 febrero 2011
No logro atrapar el pensamiento. Crack. Grrr. Shit. Me tomé un litro de Coca Zero. Y puse en una burbuja de pensamiento que mañana serán palabras blogueras (Mientras saco jugo a la última naranja / descalzo la estrella de un gajo de limón). Normalmente el pelo de la cabeza no debe pesar, pero a mí me pesa como un búnker.
Dos minutos más tarde:
Quiero experimentar lo que es escribir un diario, siempre un diario es para que otro lo espíe, no hay libertad al escribir un diario. Ninguna. Soy una censura con patas.
(…)
Hoy Sunday march six, se dice así?
(…) Estoy con la novela de Cristina Rivera Garza, La muerte me da. Tengo canibooking. El canibooking es la manía que te acerca al paraíso. El canibooking es el yo expandido. Ayer estuve con Ioana Gruia. Ella salió tarde del seminario de Cixous, yo me dormí y llegué tarde, casi no nos encontramos, una cita a dos ecos y a dos dimensiones y a dos ritmos. Al final charlamos en el metro.
Estoy en día pre-weekend, 10 march,
Where is mi cabeza?
Domingo 20 de marzo 2011
Entre el día 10 y hoy se ha ido la princesa más princesa gatúbela del mundo: La princesa Machi. Machi ha muerto. Viva la Machi. Machi en mi uña, en mi ojo, en mi diente, en mi Mitsouko. Machi Mitsouko. Machi Buenaventura. Machi en mi hocico feroz. Machi con alas. Machi enamorada de las latitas Sheba. Machi también la gata de Mary Pickford. Machi, gata de cine. De literatura. De poesía. Machi en Planet Shimby. Machi The Princess. The Princess of Pop.
(…)
Final de mayo
Hace dos meses que no escribo, que no, que no. Like a Rolling Stone, la estoy escuchando ahora, Bob y sus ritmos aparte, el acento en el sexo de la palabra, de la piedra que brilla en mi dedo. Sola y sin hogar, una completa desconocida, como una vagabunda. Bah. Tengo angustia, lloro porque se va mi amiga Anouck de Paris 4. (…)
7 de junio 2011, una y media de la tarde
Matías Buenaventura, fotógrafo im-pres-cin-di-ble. Ojo imprescindible. Cámara imprescindible. Pues he de tomar pastillas borderline para acabar mi tesis. Me duele la garganta, el pelo número ciento nueve del lóbulo derecho, o tal vez el situado en el occipital. Bah. Estoy hasta los. Cabeza embotada. Día. Noche. No puedo leer a Djuna Barnes. Quiero leer Warkola de Lucía Puenzo, por lo de la doll trash. El sueño a veces es nada más que decibelios.
11 junio
Me he caído desde el suelo. Bye.
7 de agosto 2011 (Para Anouck Linck)
Es hora de azularse las manos. Pues fíjate que estoy hasta los huevos de la canción que se me enganchó a las piernas. Sin playa en mi sangre. Quiero irme al Universal, mirarte desde la barra, desde el lavabo del primer piso. No es no. Tengo gotitas explotadas en mi lengua. Paso la lengua a un mundo helado. Una vez hundidos mis pies, en el cemento, electrizando a los amantes. A los tipos que me amaban. Que me metían un hielo por la espalda. Puedo mil veces calentarte los oídos. Pero no vi nada que se te escapase. En el callejón negro. Solo había verde vomitado por mi espalda y mi amor se vio enganchado a paredes sucias. Fracasé en suicidarme desde mi dedo, como las princesas. Seré la amante del campo que se dibuja en un castillo. Por qué he de tirar mis voces al suelo y agarrarme a la lluvia blanca.
7 de agosto, media hora más tarde
La cara de buena amante surgió en la calle hirviendo. Voy abriendo estragos para consolarme de tanto subir las montañas. Te ceñí en lo oscuro cuando me apoyé en tu sombra, y ellas, todas las sombras se abrieron, como aquellos estragos para consolarme. Pero subí las escaleras. Ellos me dicen, con ojos a lo Clark Gable, subidos en la escalera, al final me cortaste el paso en el último escalón y se me cayó la copa de vodka-limón sobre tus pies y los míos se mojaron.
Quién sabe lo que es para mí una pared que te enganche. Y de paso te ensucie.
22 de agosto, lunes del 2011
Momento critik de tesis. Una transformación arterial y neuronal. Emocional. Recuerdo noches fustigadas de pesadillas saltando sobre las palmeras. Luego, una pastillita de Tetrazepam. Me engancho. Me desengancho. Manola me manda fotos de Lola, perrita azul, violeta. He de focalizarme, avanzar en puntos estratégicos, en puntos periféricos, en puntos simultáneos. No salgo. No veo películas. Quiero leer Ana Karenina. Extraño a Pilar. Está en la Argentina, se fue, volverá, será parisina, es parisina, ella quiere vivir en las páginas de Ana Karenina, me dijo. Por qué nunca leí Ana Karenina? Qué especie de gusano me impedía leerla? Un precioso gusanito de seda? Un caterpillar malhumorado? Rezongón? Ni idea. A veces, se me caen las manos por las paredes.
Quiero ser un poco Carson McCullers, y Virginia W. y saltar en las olas. Tengo la melancolía aparcada en mis uñas negras Chanel. He visto a los champiñones pasear por las calles, por la puerta de mi casa, apuntarme con sus manos rosas, me han absorbido, y los he mirado desde dentro, hemos hablado desde dentro, había una urbe a lo Blade Runner, y ellos caminaban armoniosos, hacia las penumbras del cableado urbano.
Veinte minutos más tarde:
Por qué. El castillo de Kafka es el más caluroso, donde el té es el más caliente y sabroso.
Tres minutos más tarde:
Corté un triángulo del cielo y me lo puse frente a mí.
Un par de horas después:
Cuándo podré leer algo que no implique un análisis voraz? Tengo sueño y los cafés resbalan por mis circuitos interiores. No entran, no encuentran la arena que los chupe como al agua de mar. Quiero tener una jirafa en mi apartamento enjuto, haré un boquete en el techo para que pueda estirar su cuello y decir buenos días a los vecinos de arriba, o para que les pase la lengua gris por la cabeza mientras duermen. Después de todo no sé cuántos son. La jirafa no puede trabajar tanto. Quiero una jirafa, y que todos los del edificio se vayan a la mierda y dejen toda la altura y la anchura para mi jirafa. La Jirafa Tamara, Princesa I de la calle Vaugirard 285 de París. Corona diseñada por: Manola Argento.
Un poco más tarde:
El Tetrazepam me ha hecho demasiado efecto.
30 de octubre 2011
Cuando una escucha Blanca, de Nacho Vegas, todo se caotiza. Un punto estrellado en el cerebro. Una estrella que se moja con saliva, con sabor a frambuesa. Blanca quiere un tipo, cuando yo me quise enamorar. Un tipo que lleva el tiempo en los ojos, en la voz rajada por el frío. Cómo sacar las cosas que quedan dentro y se deslizan por una llave de luz. Te he visto agrandarte, agrandarse, en unos ojos que se distienden, a medida que comes mi voz. Después de todo estoy hecha una mierda después de la tesis. Necesitaría una blanca, una blanca de chute puro, de iluminación pura, de talco para el cuerpo, de pompón rosa. La luz blanca, como la luz que te come. Lo siento. Me arranco las uñas frente a tu visión, pero ellas son rojas, rojas sangrientas, rojas bien rotas, bien barrosas. Vomité un cuerpo hecho de texto, de brutas expresiones y de brutos pensamientos. Pero yo sobreviví a la falta de blancura en mi cerebro. Yo necesitaba que mi cerebro fuera blanco. Porque quise que un rayo me atravesara, mientras hablábamos de cuestiones que eran más que nada trapos banales. Un tipo que nos ha dejado, o al menos a Blanca, en un estado de suspensión, de choque contra el cuerpo más caliente de la calle. Me tomé un cuerpo blanco y una mirada negra, muy negra, muy de brillo rascado. Quiero ser una torpe, más de lo que soy. Qué soy. Pues tal vez una opacidad tirada en la calle lluviosa. Tirada y colgada de las nubes blancas. Fuimos al cumple de Ana Salvia. Confundí un sobre que llevaba marihuana con salvia. No sé. Hice la asociación Ana Salvia y un sobrecito de salvia. Cambio de marcha, de agua que me moja las piernas. Las planchas de mi cerebro son de color rojo, como la sangre que moja el cerebro. Blanca llegas a mi mente, dice Nacho Vegas.
31 de octubre 2011
Me revienta la gente que arrogantemente dice: conozco. Qué mierda van a conocer. Quiero volver a un espacio de inmersión lleno de la basura mental que me persigue. Pero ahora quiero leer y leer y leer, pero la vista me ha bajado mucho después de la tesis. Necesito dopamina. Para que un cielo se descuelgue de las alturas y me llegue adentro. Y cómo me acuerdo de haber visto al menos cincuenta veces la película The Doors, el subidón de vivir una imagen inscrita en mi tejido. Qué raro. Fue muy raro. Pero fue inolvidable. Comíamos palomitas y todo. En medio de lucy in the sky with diamonds. Una siempre desea la imagen. La imagen engancha el corazón con las costillas, y con los ovarios.
Quiero ver pelis, porque lo que me advierte de mi misma es la imagen. Pero la imagen muchas veces la encuentro en una novela, pero lo imagen ya fue imagen de alguien más cuando yo la etiqueté como mi imagen. Y un fragmento mini-ficción también me lleva a una imagen que se pega con saliva en el suelo mientras todos pisan el suelo manchado de pisadas de lluvia, de nieve, de frío y de miradas deseosas de algo que esconden en mentiras profundas. Me han marcado las poetas, la Dickinson, la Storni, la Plath. Cuando me pongo bragas rosas pienso en la poesía, en las palabras-brillo. También pienso en la poesía cuando me pongo bragas negras, cuando las elijo especialmente sin elástico. Ahora quiero leer otra vez Cumbres borrascosas. Quiero un lugar de cachetadas. Las novelas tienen que dar cachetadas, cada vez lo deseo más, quiero decir, las cachetadas ficcionales. Y cuando siento la arena, la superblanca, que mi pie hunde y hunde, porque la arena es la que sucumbe a las plantas lisas de mis pies. Porque escribir aquí, en este espacio, es carcomer mi pasado, para hacerlo futuro. Shorts de jean, botas moteras. Besos rojos frambuesa, que eran mis besos a los muros y a las caras detrás del vodka limón. Tuvimos todas buenos amantes, nos decimos. Y las miradas se pierden, se van por las cañerías, se embarran las pupilas, hay gotitas en nuestras pieles. Pero hace frío, y nadie ve las gotitas, bajo los suéteres, y los polvos blancos que nos acechan.
Qué coño. Quiero leer a Manuel de Pedrolo, aquel manuscrito del segundo origen. Pues me encantaba, me llevaba no sé dónde, pero me llevaba, me arrancaba. Por qué nadie habla del manuscrito del segundo origen. Ahora me vino la locura por el Pedrolo de las narices, que tipo habrá sido el Pedrolo para escribir la historia de Dídac y de Alba. Me rajó la piel, pero esa piel que es más piel que la piel. El Dídac siempre me esperó a mí a la vuelta de la esquina. Pero yo quería nadar por mis propios tugurios. Hasta que lo conseguí de la mano de Wittgenstein, que me torturó y torturó y me dejó comer helados de fresa entre los actos de amor. No sé cómo ni por qué. Pero así fue.
Como lo puse en el maldito Facebook, Eduardo M. fue mi amor de infancia. Qué rubito dionisíaco. Mmmmmmmm. Parecía el protagonista de la peli Melody. Tú sí dijiste que había que morderse para renacer y meterse nubes por las venas. Y ser princesa cochambrosa para adueñarse de las flores bajo tu boca. Cuánto hielo en el recuerdo de Madame Bovary. Y hielo en las pupilas frente a Axel Rose. Me encontré con un brillo al revés saltando desde mi ventana.
Noviembre 2011
No sé lo que quiero buscar pero las flores se me cierran como pantanos. Pero bueno. Una peli de serie Z puede salvarme: chorros y chorros de sangre-ketchup. Cuando no comprendo el alcance de lo que me aprisiona, es cuando libero sustancias. Pero qué es liberar sustancias. Ni idea. Yo quería ir a Ámsterdam este fin de semana. Me he quedado aquí, tragando París por un tubo. Quiero ir a Uruguay, a las playas de Uruguay, pero sigo tragando París (o Rapís) por un tubo. Cuando hablo al revés, digo Rapís, es una espontaneidad silábica. O un cruce transatlántico. No he visto la luna hoy, ni el café con leche. Ni nada. No me he visto. No he visto mi cuerpo, pero se me ha resbalado por el suelo. Después me duché y abrí un libro. Pero las ovejas negras me rompieron la frente y se escaparon.
Noviembre 2011
Aquí está mi cuarto de luna que me pende como a una ahorcada.
Noviembre 2011
Cuando me hagan un círculo alrededor me cambiaré el vestido y las bragas. Es más. Iré a la lavandería a poner una lavadora. Iré al médico a que me recete la próxima remesa de Fluoxetina (Prozac). Soñaré que hace diez años no tomaba Prozac. Soñaré que hace diez años que tomo un medicamento placebo. El Prozac no hace una mierda. Lo único que hago con mi depre es engrosar los beneficios de los laboratorios. Más te dura la depresión, más beneficios generas. Qué más queremos. Al menos yo no quiero nada más. Generar beneficios. Eso quiero. Generar beneficios.
Noviembre 2011
Voy a comprar mi Prozac. Tomo un chupetín y voy saltando por las calles. No. Qué va. Demasiado regresivo. Cambio el esquema de mi función en la sociedad. Lo que salva siempre es un tipo. Pero qué tipo querrá una tipa comiendo un chupetín en la calle. Lo siento. Estoy en una piel paralela, o en una piel que no ha generado ningún beneficio a la sociedad. Me siento en el Starbuck. En el jodido Starbuck que explota a todos sus empleados, se les nota a los empleados, se les nota cuando hablan y yo les veo la lengua que la tienen cortada, que siempre hay un pedacito de lengua que pende por la comisura del labio. Sí, lo admito, es muy impresionante ir a tomar un café en un lugar que promueve hedonismo y confortabilidad física y gustativa y encontrarse con trozos de lengua que penden de las comisuras de los labios de los empleados.
21 de noviembre 2011
Y aun cuando las flores me acechan, puedo gritar. Joder con la España pepera. Quedémonos tranquilos babies, seamos reaccionarios, consumistas y bebamos cócteles peperos. Hasta la vista.
Mismo día, misma noche:
Me suben los decibelios libidinosos con Bruce Springsteen y su Dancing in the dark. Me acuerdo de pelis que me subían a un estrato desconocido, como My beautiful Laundrette. Y no sé por qué. Fue mi entrada al espacio tensionado, a lo existencial borroso, a los ambientes que aclaran la visión. Pero yo me acuerdo que fui a ver esa peli, con un vestido rosa, y mi vestido salió roto, desgajado, atrapado por la mano del sentir. Era chica, muy chica, pero vi detrás del rosa y de la piel temblorosa y enloquecida por las ciudades con bruma. Y por qué hablo de esto yo ahora. Fue la imagen. La imagen. Primero fui una antes de esa peli, luego las demás. No existe mi cuerpo que se rasga, digo, mi cuerpo de ahora. Porque me falta no cortarme en trozos de existencia. Me enamoro de mi herida que sangra, después la chupo, se la ofrezco mi sangre a una planta verde que cuelga de mis ojos rotos. Pero no tiene unas piernas bestiales Bruce Springsteen? Que me enrede con sus piernas, no?
Francesca Woodman, Self-Portrait
Chupetes de la Suerte
viernes 13 de enero de 2012
Superbrillos 9
Qué tipo de producto prolifera de una situación antagónica que se resuelve en una lectura ávida e insana del espacio sideral. Ninguno. Me refería mentalmente a esta situación mientras me dirigía a ocupar la reserva del restaurante en N.Y. vía punto rojo, etc. No hay suposiciones convincentes. Resumo mis convicciones y me alcanzan los dedos de las dos manos. Diez convicciones para ser exactos. El espacio delimitado sexsónico en el restaurante del punto rojo ha sido marco de un crimen pasional. La inmediatez de los olores sanguíneos que se mezclan con un hamburguer macrobiótico fabricado en un Presente Crudo. Cierre motivado del espacio sexsónico. Una comprensión cortocircuitada se desarrolla en mi cuerpo hambriento. Me descargo de mi torso proliferante en bacterias y me pinto de verde manzana las uñas de los pies. Sólo es cuestión de doblez, de una tecnología impura. Hace tres días THE KILLS dieron un mini concierto para mini multitudes en el Palais de Tokyo. Lo soñé desde mi tecnología impura y quiero la chaqueta estampado felino de la tipa, un subterráneo de chaquetas felinas se abre en el espacio de mi cráneo adicto a las sorpresas. Acabado impecable a mis uñas verde manzana. Creo en las hadas rockeras del Palais de Tokyo. Creo en mis uñas verde manzana. Creo en mi torso devorado por un brutal deseo. Un trago de On The Rocks se desliza sobre mis piernas. Se evapora el On the rocks y entrada del On the rocks bis mientras el espacio sexsónico se ha abierto al público y la gente hace cola y es de suponer que han acabado con el stock de On the Rocks. Estrategias contradictorias de una y otra parte (público y espacio sexsónico) y yo ya no consigo más dormirme gracias a los estratos en comprimidos biodegradables de presión atmosférica que me procuran poco más que burbujas en un esófago en perfectas condiciones para vomitar. Sonrisa ultrablanca, lengua ultrafucsia por ejemplo.
Francesca Woodman
Yayoi Kusama
sábado 7 de enero de 2012
Superbrillos 8
Acabo de borrar algo que no hubiera debido borrar. La reserva en el restaurante de NY.., a causa de una manipulación malsana y eliminada in process. Las categorías de lo fisiológicamente imprescindible sufren un colapso externo. La socióloga Jetson acaba de remitirme sus reflexiones. Hay un desfase entre su experiencia y su reflexión y lo que las Info-News-Noticias-FlashDirecto de hoy escupen. Ya existen torres giratorias en Dubai. Risa sociológica como risa giratoria. Y yo que acabo de volcar una dosis ingente de On the rocks sobre el cemento. On the rocks chupado por la misma situación antagónica que viven todos los On The Rocks en un momento dado cerca de mi boca y de mi garganta y de mi esófago y de mi vejiga. Ya no existe tal situación. Antes me equivoqué, no se trataba de Treasure Island sino de (…). Me inquieto por mi memoria. Ya vuelvo. La rectificación vive en un tiempo sexsónico. En efecto, rectificación frustrada en su germen. Calidad iniciática de la experiencia. “Materia noble, elegante”. Vómitos de este tipo me llegan por ondas prefabricadas y concentradas en detergentes nocivos. Lenitivo para hecatombe sináptica. Los efectos sexsónicos en próximos segundos. Girar en las nubes de Dubai. Ruidos eólicos. Instalación aérea en el New Museum de venas en polvo por Comisarias AntiPrincesas refugiadas bajo sombrilla color cherry Made in Japan / Made in China / Made in Me. Comando AntiPrincesas Bang Bang Bang. Hervor de agua del grifo para té earl grey en sachet. Evolución de mi catálogo personal escondido en Treasure Island. Sólo eso: una flor antidisturbios.
Foto de la performance de Marina Abramovic
domingo 1 de enero de 2012
Superbrillos 7
Prrrrrrrr. Poing. Prrrrrrrr. Sin Garantía del Gobierno, me dice alguien que se acercó a desbloquear lo bloqueado. Vuelvo a los Prrrrrrrr. A los ronroneos de los gatos, qué otro motivo podría interferir. Un bloqueo a las afueras de los terrenos pegajosos abiertos a base de miradas hostigadoras y de lavadoras híbridas hirvientes en un espacio a cuadros. Amor eterno a las lavadoras rápidas y sexoadictas. Prolifera una estructura extracraneal. Vértigo en el LavoMatic. Desde lo alto de una nave al mando de una superheroína. Cómo lavar unas botas de vinilo. Las ventajas de una velocidad que no sobrepasa de las partículas necesarias para su conservación velocidad crucero. Adiós a la superheroína, que traspasa los cielos clonados. Ingurgito un milk-shake de cítricos domesticados por mi lengua neutralizadora. Mirada lánguida, se esconde, se desliza, la destrozo con movimientos descuajeringados de cabeza. Situación multiplicada por 3 mil. Cuándo llegaré A los 9 mil. A la neutralización de mis ganas obsesivas de multiplicación. Cuándo llegaré a ese YA tan esperado. Neutralización multiplicación: YA. Nada más fácil que un acto neutralizador. Reservo varias plazas en un restaurante de New York. mediante acción táctil vía pantalla-vía puntos rojos y por 2 días la reserva se mantiene es decir tengo 2 días para consumir la reserva en un restaurante de New York. 48 horas precisas desde mi toque, desde que mi dedo iluminado a lo E.T. se haya apoyado sin causa sobre aquellos sitios / bancos / butacas / sillas / espacios libres / agujeros libres / cápsulas de oxígeno libres / propuestas / liberadas / designadas y yo ya no sé qué hacer de mi dedo trasmutado en foco activado que se ha dividido subdividido multidividido con tanta opción que abre opción sobre opción. Corto. Stop.
La reserva en un restaurante de New York se ha llevado a cabo en la más estricta intimidad. No hubo relaciones profilácticas ni estridencias inventadas por partículas & organismos non-gratos. Me he focalizado sobre el primer organismo. Me baso para estos comentarios en los análisis sociológicos de la socióloga Jetson que evoluciona en el mundo neopunk de los Supersónicos (The Jetson) (a ella le encantan Sidie y Cometín). Volvemos a los puntos rojos disparadores de reserva en un restaurante de NY. La estructura digamos interna de estos puntos rojos carecen de punto de encuentro en el interior de su propia, digamos, estructura. Qué elementos me ha proporcionado la investigación sociológica en la formación cónica de mi dimensión, o digamos espiritualidad concreta, del entramado convulsivo que nos soporta. No entiendo. Regresar al LavoMatic. LavoMatic: estructura Mundo & Limpio que tal vez me iNYecte las pautas de una trasgresión inconclusa a mi propio circuito. Un 2° milk-shake. Sabor abierto a completar, a imaginar, a escupir, a hacer buches, a tirar por la ventana, a estratificar y a toda una serie de marranadas que transplanten la forma milk-shake (recipiente, logo, materia nutritiva) a un espacio público disparador de las potencialidades del milk-shake. Desdoble de mis potencialidades intuitivas. Una imagen-boomerang que no resuelve ni despierta a nadie y a todos al mismo tiempo Riiiiinnnnnggggg de un proceso amortiguador y ya han pasado 48 horas desde mi primer toque botón rojo-vacío-sólo delineado. Corto. Stop.
Street Art in NY by Banksy
Foto by Nan Goldin
lunes 21 de noviembre de 2011
Queremos hada verde en companía de Rimbaud, Burroughs y De Quincey
Quedémonos tranquilos babies. Seamos reaccionarios, consumistas y bebamos cócteles peperos. Hasta la vista.
del Diario de Sandra B.
21 nov. 2011
Producción: Gabriel Waisberg
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